diumenge, d’abril 08, 2007

600 PECTORALES


Nunca he sido un gran aficionado a los cómics ni a las novelas gráficas, pero por circunstancias de la vida, hace unos meses cayó en mis manos un ejemplar de "300" de Frank Miller. No fue hasta saber que se estaba rodando una película basada en la batalla de las Termópilas que decidí finalmente echarle una ojeada, y aunque el tratamiento del color y las ilustraciones a doble página son espectaculares, me pareció una historia bastante "siniestra y oscura" (como a Mila Ximénez la Pantoja, vamos).
Con esta premisa, pero animado al saber que el film ante todo sería una oda al pectoral (uno tiene sus debilidades, como todos) acudí al cine con la incertidumbre de si nos íbamos a tragar un bodrio o no. Nada más lejos de la realidad. La película dirigida por Zack Snyder ("Amanecer de lo muertos" ya me había gustado lo suyo) es un festín de carne, sonido y color y cumple a la perfección con la función del séptimo arte como mero divertimento.
Leónidas (Gerald Butler) está como un queso y desempeña el papel del valeroso rey de Esparta con gran esmero. Para aquéllos que no entiendan el origen de la expresión "disciplina espartana", no tienen más que ver la formación del niño Leónidas hasta regresar a su patria coronado como rey después de superar unas cuantas adversidades... Especialmente impactante resulta la escena del lobo. Sobre este punto, dos cuestiones: ¿Tanto nevaba en Grecia allá por el siglo V a.C.? Y dos: ¿Qué opinará Aldeas Infantiles del genocidio de niños y de su educación posterior? En fin, eran otros tiempos.
Lena Headey está buenísima como reina de Esparta y tiene una relación muy tierna con su marido, a lo Dúrcal-Junior. Bastante significativo también es el elenco de frikis que amenizan las batallas, con mención especial a Efialtes (el Gollum de la película, necesario en toda aventura épica que se precie), un valeroso guerrero espartano que sus padres desterraron de Esparta para que no pasara por la criba de la selección natural de bebés (las razones, más que obvias). Además, los horribles monjes éforos, que dan también mucha grima, elefantes, rinocerontes y un aborto de tres metros que batalla al lado de los Inmortales persas.


Para darle de comer aparte es el personal homenaje de la película a la reina del carnaval drag de Las Palmas con la figura del malvado rey-Dios persa. Jerjes debe medir unos tres metros y le gustan más los piercings, las joyas y el "strike a pose" que a un tonto un lápiz. Es evidente la atracción que siente por el fornido Leónidas y que su verdadera motivación al pretender la sumisión del espartano es trajinárselo a base de bien. No por ello debemos demonizarlo. Cualquiera de nosotros hubiera hecho lo mismo, no nos engañemos. Especialmente triste es comprobar una vez más las cornadas que da el amor (y que aparte de los de Cupido, hay otros tipo de flechazos). Su "amorcito" le desfigura su carita de porcelana, echando al traste cualquier esperanza de rollete con él y de ser la nueva imagen de Clinique. Un drama en toda regla, vaya. El personaje está interpretado por el modelo brasileño Rodrigo Santoro, y no os perdáis la increíble transformación a la que fue sometido. ¿No está mal la criatura, verdad? Spooky.

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diumenge, de març 18, 2007

HANNIBAL: EL ORIGEN DEL MAL... ROLLO

Para todos los fans del peculiar Hannibal Lecter (entre los cuales me incluyo) era una cita de inevitable cumplimiento acudir al estreno de la precuela "Hannibal: el origen del mal", con el que supongo se pondrá punto y final a la dilatada biografía cinematográfica de este exquisito gourmand. La experiencia no fue horrible del todo teniendo en cuenta que las expectativas eran casi inexistentes, desde el momento en que el propio Thomas Harris debió ser forzado sí o sí a escribir una nueva novela sobre la infancia y adolescencia de Hannibal para posteriormente él mismo adaptar la historia a la pantalla grande.
La película de marras arranca con la Segunda Guerra Mundial para variar, donde el niño Hannibal vive con su hermana Misha y sus padres en el impresionante castillo Lecter en Lituania. Al tratar de huir de la amenaza nazi y refugiarse en una casa de campo apartada de las carreteras, un tanque ruso propicia el ataque aéreo de los alemanes en el que pierden la vida los papás de los pequeños. A partir de ahí, un auténtico calvario. Hannibal y su hermanita son capturados como rehenes por unos malos muy malos, mercenarios que pretenden convertirse en guardias de las S.S. y que los tienen encerrados en la casa durante semanas, víctimas de las inclemencias del tiempo y del hambre. ¿He dicho hambre? Este argumento sirve para justificar que se empiecen a jalar todo lo que por allí se menea, hasta acabar haciendo una sopa Maggi con la pobre Misha (podrían haberse cargado al de mayor tamaño, digo yo, que les duraría más tiempo...). Esta horrible experiencia deja mudo (literal) al pobre Hannibal, que después de ser rescatado por los rusos, pasa unos añitos en el que había sido su castillo familiar, reconvertido ahora en un orfanato del Telón de Acero. Hannibal, que se lleva fatal con todo el mundo y tiene menos sentido del humor que Juan Adriansens, planea su huída y gracias a unas cartas que encuentra en el escritorio, huye a Francia para reunirse con la viuda de su tío, una japonesa llamada Lady Murasaki que es descendiente de la hoy en día célebre Shikibu, autora del Genji Monogatari. A partir de aquí, la trama está clara: aprovecha las enseñanzas de su tía política (entre ellas, aprende a hablar) para volcar toda su ira en vengar a su hermanita.
No voy a mentar todas las licencias de guión porque no acabaría ni en dos meses, simplemente quiero señalar que Gong Li, muy mona ella, lleva unos modelitos que son de la colección de Chanel del año pasado como mucho, cuando se supone que la acción transcurre en los años 60. Mal para el/la de vestuario, vaya. Pero es lo de menos. Lo malo de la película, dentro de lo infumable del guión, es que se echa de menos alguna escena impagable que en todas las películas sobre Hannibal habíamos disfrutado como enanos, del tipo Buffalo Bill bailando desnudo ante el espejo al son de "Goodbye Horses" de Q Lazzarus, el "Hada de los Dientes" (Ralph Fiennes) tragándose a palo seco un grabado de William Blake en la Tate Gallery o al malvado Verger (Gary Oldman) siendo lanzado a los voraces cerdos silvestres con silla de ruedas incluída.
Lo más destacable de la película es verdaderamente el mal rollo que genera el actor francés Gaspard Ulliel. Tiene la típica expresión de aquel chico, que si te enteraras de que sale con alguna amiga tuya, estarías preocupado por ella, sabiendo que tarde o temprano le va a hacer una putada. En cuanto al personaje, más que escandalizarnos su sangre fría y la meticulosidad de sus métodos para zamparse al personal, lo que resulta digno de elogio es que un humano que ha pasado las penurias del joven Hannibal saque las ganas y el tiempo libre para doctorarse en tantos campos como la ciencia, la medicina, el arte, la música y la literatura. Si no fuera porque de pascuas a ramos le da por cargarse a alguien, estaríamos ante un claro ejemplo de reinserción social satisfactoria... Spooky.

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diumenge, de febrer 25, 2007

LA CIENCIA DEL SUEÑO (O CÓMO LUCHAR POR PERMANECER DESPIERTO DURANTE 105 MINUTOS)

No siempre acierto con mis elecciones para la golfa del sábado noche. Ayer me fui a ver "La ciencia del sueño", maldita la hora. Mi predisposición era más bien neutra, me iba a dejar llevar. Pero a los 50 minutos de film ya no sabía cómo recolocarme en el sillón; el sopor me vencía y ansiaba el final. De acuerdo, se trata de un film visual (qué expresión más manida); y de acuerdo, Gondry procede del mundo del videoclip. Pero, por favor, no me vendan la moto (que diría Arús), que una ya ha visto unas cuantas pelis. El argumento es tan infantil que casi insulta, y los personajes dejan bastante que desear, sobretodo Stéphane, el protagonista, que es bastante paradito e inútil. Sinceramente, querer vender poética visual y romanticismo de una esquizofrenia o de una simple fumada es tan pretencioso como vacío, a la vez que nada original. La locura no es romántica, y la tontería aún menos. "El glamour de la locura es pasajero". Si quieren cine visual y onírico, ahí está Tim Burton y sus extraordinarias y bellas fábulas; Gondry le queda aún muy lejos. Y lo peor es que aburre, ¿es que no sabe que una película es algo más que un videoclip de hora y cuarenta y cinco minutos? ¿O es que realmente no le importa porque en realidad sólo quiere satisfacerse a sí mismo?
Pero, bueno, para que no me tachen de destructivo, no todo es malo. Puntos a favor: el buen uso del sentido del humor que al menos le resta pedantería, el personaje de compañero del trabajo, Guy (un cachondo mental muy agudo y divertido), la guapa protagonista (Charlotte Gainsbourg, la hija de Serge) y su encantador acento de Sheffield fruto de su amistad con Jarvis Cocker. Ah, y el buen trabajo de Gael García Bernal, actor ecléctico que, después de la naturalidad en "Y tu mamá también" y lo forzado de "La mala educación", salva el film a Gondry. Y es que el francés parece haber encontrado la fórmula de eso que reza el título: "La ciencia del sueño".

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diumenge, de febrer 11, 2007

SHORTBUS

Qué me gustan a mí las sesiones golfas para las noches de los sábados. Este fin de semana me fui a ver "Shortbus", esperando una comedia ligera de enredos del tipo "Trick" o "La boda de mi mejor amigo". Pero no. Y mira que tenía todos los ingredientes: una terapeuta sexual que nunca ha tenido un orgasmo (en casa del herrero, cuchillo de palo), un gay insatisfecho (Jamie) que graba toda su vida como carta de despedida para su novio (también Jamie), una ama dominátrix que es contratada para satisfacer los deseos de heteros sumisos, un voyeur enamorado de la pareja de Jamies... y todos mezclados e interelacionados en la ciudad de Nueva York, y más concretamente en en el club Shortbus. Unas fiestas semanales que existen en realidad y que organiza en su piso un tal Justin Bond, que se interpreta a sí mismo en el film, y que son como santuarios de experimentación y libertad, pretendiendo recobrar el espíritu bullicioso de la ciudad pre-Sida y pre-Giuliani y evitar así el aburguesamiento de Nueva York.
Esa sería la trama, pero lo que realmente me gustó es el enfoque del director, John Cameron Mitchell, también director de Hedwig. Pues con esos ingredientes podría salir una pedantería de mucho ciudado (con mucha pretensión y poco contenido, al estilo Closer) o un film cargado de correción política que hable de todo menos de sexo (tipo Sexo en Nueva York, que nunca me ha convencido demasiado). Lo bueno de Shortbus es la visión aboslutamente libre del director: el dogmatismo brilla por su ausencia. Y aunque el argumento tiene algunos puntos débiles pues las historias no tienen un desarrollo muy sólido, ver como van fluyendo las relaciones y los personajes desde una perspectiva desacomplejada y sin prejuicio alguno es todo un lujo. Además, es tremendamente explícita, de una forma tan natural que no da tiempo ni a excitarse. Se agradece algo así después de tantas pelis sobre sexo en que parece que los personajes no tienen ni rabo ni coño o después de tantas otras que enseñan muchas tetas sin venir demasiado a cuento. Y, bueno, también es un aliciente para los falocéntricos (aquí un servidor) que siempre que vemos un actor (bueno, cualquier tío) que nos gusta acabamos imaginando su miembro viril. Y la guinda son las escenas cómicas, muy muy logradas, algunas tremendamente hilarantes. Hay situaciones muy divertidas, petardas y con mala baba (como llamar Jennifer Aniston a la dominátrix o como la pareja que para mejorar su vida sexual decide usar un huevo-vibrador que ella lleva en su chichi y él controla con un mando a distancia) y escenas muy efectivas a nivel visual (el simbólico final o la corrida en un cuadro de Pollock, muy aguda). No soy mucho de recomendar, porque mi criterio es mío y punto y porque muchas veces cuando dices a alguien que está bien un film luego no llega a las expectativas creadas, pero si tienen un rato, no dejen de ver Shortbus, tiene para todos los gustos.

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dilluns, de gener 29, 2007

MOVE, DREAMGIRLS!


No debe ser nada fácil coger las riendas de un film sobre uno de los musicales más exitosos de la historia. Bill Condon (director de apellido simpático que no pasó desapercibido para los espectadores y conocido por adaptar y dirigir la correcta Dioses y Monstruos, basada en la vida del director de Frankenstein, James Whale) se atreve con la adaptación del libreto original de Tom Eyen (autor de las letras de las canciones) y que se estrenó en el Imperial Theatre a principios de los años 80. Michael Bennett dirigió y coreografió el musical, además de co-producirlo entre otros, con David Geffen. El éxito, abrumador: más de 1.500 representaciones por todos los Estados Unidos y 13 premios Tony. Bajo estas premisas y dispuestos a disfrutar de más de dos horas de puro espectáculo non-stop, los miembros de este blog acudimos a su preestreno el pasado miércoles en la Sala 3 del Cinesa Diagonal, por gentileza de la revista Shangay, que tuvo muy buen ojo (como no podía ser de otra forma) al vaticinar que la película causaría furor entre el público gay que abarrotábamos la sala.
Si entendemos el cine como puro entretenimiento, estamos ante la propuesta acertada. Un guión sencillo, buena fotografía, gran dirección artística y vestuario de ensueño. Los números musicales, continuos, son de una calidad indiscutible y la interpretación de los actores raya a un nivel muy bueno. Curtis Taylor Jr. (Jamie Foxx) es un valor seguro, a la vez que corroboramos que está más bueno que un queso Kiri (o que una trufa del Mercadona, en este caso). Nuestra querida Deena Jones (Beyoncé Knowles) no hace otra cosa más que cantar y bailar (algo que sabe hacer estupendamente). A nivel interpretativo, su personaje es bastante plano y contenido, pasando casi inadvertido, con lo que evita realizar una interpretación sobreactuada, tan típica en actrices noveles. Nuestro temor, que antes de ver la película se llamaba James "Thunder" Early (Eddie Murphy), aunque algo excéntrico, fue una de las gratas sorpresas al comprobar cómo por primera vez en nuestras vidas (y aunque en esta película cante y baile) no nos empalagaba como en las ocasiones anteriores. El gran descubrimiento del film es sin duda, Effie White (Jennifer Hudson), una de las damnificadas del concurso American Idol: gran chorro de voz a la vez que gran calidad interpretativa la suya (para que os hagáis una idea, es una mezcla entre Tina Turner y Rocío Jurado). El momento de mayor clímax del film es sin duda cuando canta desgarrada ante sus compañeros que está dispuesta a cambiar y les implora que vuelvan a readmitirla en las Dreamettes ("And I'm telling you I'm not going"), a lo que no le hacen ni puto caso, vamos. Por momentos no nos hubiera extrañado que le hubiera dado un hictus en medio del escenario o que tuviera un aborto natural debido al gran esfuerzo y a la gran sentimentalidad con la que carga su discurso musical. Su personaje es prácticamente el centro de la película (si bien sus apariciones no corresponden con muchos minutos de metraje). A lo largo de ella, Effie vive una cura de humildad, empieza la película un poco sobradita y tiene que acabar confesando "I am changing", aceptando que en esta vida no te regalan nada y que aunque te sobre el talento, debes esforzarte como los demás (discursito Edith Salázar, vamos). Al fin y al cabo, lo único que le falta a la pobre es ser un bombón como Beyoncé, porque por lo demás, nadie canta, gime y se estremece como ella. Hay que tener en cuenta que su hermano, que es el que compone la mayoría de las canciones, la ningunea, el resto de las Dreamettes pasan de ella, y su amor (del que está preñada) se lía y se casa con Deena prácticamente en sus narices. Una tortura psicológica que ni los presos de ETA, vamos.
Resumiendo, una buena película, si bien hay que destacar negativamente la ausencia de una estructura dramática de mayor entidad que no la hiciera tan previsible. El primer tramo de la película trata sobre como las Dreamettes se abren paso en el mundo del espectáculo (gran "Move" con Jennifer Hudson todavía como vocalista). El proceso ocupa los años 60 y parte de los 70 y llegando al final, parece complicarse un poco para resolverse de la forma más convencional posible. De todas maneras hay que agradecer este detalle, no nos olvidemos que estamos ante un musical y no era cuestión de que acabaran todos muertos.
Hay que mencionar algunas anécdotas y momentos memorables que contribuyeron a que disfrutáramos mucho más de la película:

- El pequeño cameo al principio de la peli de Jaleel White, conocido entre nosotros por su papel de Steve Urkel. Aunque no nos lo podíamos creer, es una persona normal.
-La entrañable sonrisa (véase foto) de la tercera en discordia, Lorrell (Anika Noni Rose). Su entusiasmo y convicción al enamorarse hizo que nos acordáramos de una amiga nuestra que vive en Madrid. En el momento más álgido del film, reclama su relevancia en el grupo, por lo que demuestra que no era tonta, al fin y al cabo.
-La presencia del grupo Campbell Connection, también producidos por Curtis (un claro guiño a los Jacksons), con el pequeño Michael esperando a Deena (Diana) después de una de sus actuaciones. No hay que olvidar tampoco que uno de los componentes hace las coreografías (saltitos y giros incluídos) con la guitarra colgada del cuello.
-El momentazo sobrecogedor de Beyoncé cantando “Listen” y el contraste con la no menos sobrecogedora versión disco del “One night only” (top 1 en nuestro Amarican esta semana, por cierto).
Y para concluir, dos temas que merecen especial atención. El primero, el malestar que generó en su momento el musical y ahora la película a la gran Diana Ross (no le debe gustar en absoluto recordar su vida de estrella incipiente en Detroit). Ha confesado que actualmente está muy ocupada y que no ha tenido tiempo de ver aún la película, aunque asegura (¡atención!): "He oído mucho sobre esa película. Voy a verla con mis abogados". Buena publicidad añadida sin duda para el film, a la vez que para la propia Diana, que dentro de poco será profesora del programa American Idol de la Fox y promoverá su álbum más reciente, "I love you".
El otro tema que quería comentar es el guiño a las películas afroamericanas de los años 70, series B conocidas bajo el nombre genérico de blaxploitation. Curtis está empeñado en promover la carrera de Deena también como actriz e idea convertirla en Cleopatra Jones, primera heroína de acción negra, sensual y atractiva, heredera directa de las boas de zorro, las botas rojas y los tops de cuero, pura psicodelia funk negra. El papel en realidad lo interpretó una tal Tamara Dobson, y no puedo evitar adjuntaros la sinopsis de la película:
Cleopatra Jones es una agente especial del gobierno norteamericano encargada de luchar contra el narcotráfico tanto dentro como fuera de su país. En una de sus misiones, recibe el encargo de supervisar la destrucción de una plantación de opio en Turquía. Desde ese momento, Cleopatra debe enfrentarse a la vengativa Mommy, propietaria de la plantación. Ésta, sirviéndose de contactos con policías corruptos, conseguirá que se clausure la clínica de desintoxicación del novio de la agente.
En fin, todo un espectáculo. Disfrutadla, que vale la pena. Y mañana, Confessions!!! Spooky.

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dimarts, de gener 23, 2007

SOFIA COPPOLETA

Mucho es el reparo que me produce ir al cine para ver un biopic de un personaje histórico. Generalmente llegas a la conclusión de que, para lo que había que ver, mejor hubiera sido quedarse en casa leyendo alguna biografía bien documentada sobre el personaje en cuestión y evitarte el sopor de aguantar conversaciones y situaciones totalmente caducas que te hacen pensar lo mucho que se debían aburrir en la antigüedad. Me remito por ejemplo al bodrio que se rodó en torno a los Borgia y que convirtió a una de las familias más interesantes de la historia en un coñazo de tomo y lomo.
El caso que me ocupa es distinto. Movido por la fascinante frivolidad del personaje y por un trailer amenizado con música de New Order, pensé que el film de la hijita de Coppola sobre la única reina francesa decapitada podría resultar interesante. Y así fue.
No es que estemos ante un peliculón, pero han sido tantas las críticas demoledoras que ha recibido el film, que he decidido romper una lanza en su favor. Si bien se puede entender que los críticos del festival de Cannes a la que quisieran guillotinar fuera a la pobre Sofia (ya sabemos como son los franceses para que les toquen sus cosas), no entiendo el porqué de tanta crítica destructiva escudándose en que la película carece de veracidad histórica. Ahora parece que todo el mundo ha vivido en la corte de Versalles...
Sofia Coppola se centra exclusivamente en el proceso de adaptación a la vida en la corte con unas pocas pinceladas biográficas que extrae del magnífico libro escrito por Antonia Fraser: su llegada a Francia con tan sólo 14 años, la "difícil" vida conyugal con Luis XVI en cuanto al tema sexual se refiere (no tienen descendencia hasta que pasan 7 años), su flirt con un conde sueco que está como un queso, el alumbramiento de sus dos hijos y su retiro y gusto por la vida campestre, todo hasta que la familia abandona el palacio, evitándonos afortunadamente el mal trago que hubiera supuesto ver rodar esa dulce cabecita.
Justamente lo que más me gusta de la película es que Sofia se pase por el forro de sus caprichos las empalagosas convenciones y protocolos de la época y que cualquiera que ha ido a la escuela primaria conoce. Poca es la música de cámara que suena, afortunadamente en mi caso, si tenemos en cuenta que la película la vi a las cuatro de la tarde y después de haber comido. En cambio, algunas escenas son acompañadas con música de The Strokes, Air y New Order, contribuyendo a la excelencia estética que predomina en la película. Mención especial merece el momento cumbre de la coronación del rey Luis XVI al son del eterno "Closedown" de The Cure. Apoteosis posmodernista total.
Sí, María Antonieta viste trajes negros que no vienen al caso (divinos por cierto) para alternar con tanto ocre y su corte parece una reunión de amigos propia de un capítulo de Friends. El personaje (y aquí radica su modernidad) pasa de su contexto histórico al igual que la directora, a la que la revolución francesa se la trae al pairo, y es que ése no es su cometido. Sólo faltaría que se dedicara a dar su punto de vista sobre algo que fue sota, caballo y rey y que tan bien está documentado en los libros de historia.
Este anacronismo es lo más destacable de la propuesta: María Antonieta es una joven adelantada a su tiempo, ociosa, frívola, libertina, ludópata y una auténtica fashion vyctim (como Paris Hilton, vaya). Se ha comentado mucho el parecido entre el personaje y la niña Coppola, otra pijeras que hace lo que le da la gana mientras alguien le pague los 300.000 euros que cuesta el alquiler del palacio de Versalles. Y hace bien. Mientras siga adelante con propuestas tan interesantes como ésta será para mí una realizadora a tener en cuenta. Y a los demás, como diría María Antonieta, "si no tienen pan, que coman pasteles!". Spooky.

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dissabte, de desembre 16, 2006

CUANDO LOS PINGÜINOS BAILEN FUNKY

Dicen que la clave del humor es romper las expectativas del espectador. Pues bien, ayer fuimos a ver Happy feet. Rompiendo el hielo, nos rompieron todas nuestras expectativas y no nos hizo ni puta gracia. Si me preguntáis si vale la pena verla, os diré que sí, que es una buena película, pero mejor advierto que nadie espere ver un nuevo Madagascar, es decir, una película distraída, amable y divertida. Happy feet es un film de animación por ordenador acerca de un pingüino bailarín que nace en el lugar equivocado, en un grupo de pingüinos cantantes (que, para más INRI, adoran al Gran Güino): esta diferencia lleva a Mamble, nuestro protagonista, a vivir mil y una aventuras, a conocer amigos "distintos" que sí le entienden y aceptan, a luchar por conocerse y por hacerse respetar... En realidad, el argumento del inadaptado es ya un clásico en este tipo de películas. Si Shrek (Dreamworks) hablaba sobre la tolerancia, Ice Age (Fox) sobre la amistad, y Buscando a Nemo (Disney) sobre el amor paterno-filial, Happy feet trata sobre la libertad. Sin embargo, ésta no es una película para nada ligera e infantil, sino que es densa, profunda, bastante dura y con un regusto amargo importante. Cualquier persona que se enternezca con el pingüinito de la imagen, va a sufrir. El pobre Mamble tiene que pasar por todas las penurias posibles: rechazo, destierro, soledad, encierro, desamor, frustración, locura... El único alivio para el espectador es la presencia de un grupo de pingüinitos que hablan spanglish y que acompañan a Mamble en sus peripecias por descubrir que está sucediendo con los peces que están desapareciendo (obviamente, la acción humana es la culpable). La película se soluciona en los últimos dos minutos con un repentino final feliz (por exigencias del género), pero en realidad eso iba camino de terminar peor que Mauthausen en el 41. Hay secuencias que son un auténtico horror y que te dejan el corazón encogido como un lenteja.
Durante nuestro comentario de rigor sobre el film al salir del cine, llegamos a la conclusión que la película está mal enfocada. Creemos que los creadores se quedaron con la convicción que habían hecho un film musical superdivertido, pero a mí me recuerda más a La vida es bella (enfoque apuradamente optimista ante una realidad terrible e insoportable) que a la típica peli de dibujos navideña que nos suele amenizar estas fechas. Para empezar, la peli dura 105 minutos, que ya es mucho para este tipo de films, que no acostumbran a pasar de 80 minutos. Por otro lado, Happy feet es digna heredera del ecologismo radical de Ace Ventura, pero con toda la profundidad de que carece Jim Carrey. La personificación de los pingüinos es arriesgada: en definitiva, es como si sumáramos todos los problemas de cualquier ser humano a los de un animal; obviamente, el resultado no es nada alentador y la poca confianza que te quedaba en este mundo desaparece completamente. A ver, tiene momentos y personajes muy graciosos (como el Dr. Amor, doblado por Gurruchaga), pero definitivamente no es una película ni para niños ni para estas fechas tan entrañables, que ya son bastante duras por sí mismas como para ir a ver esta peli la típica tarde muerta del día de Reyes y acabar hundido en un rompeolas. No dejéis de verla, pero al menos ahora ya iréis más preparados.

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dimecres, de novembre 01, 2006

PRECIOUS LITTLE DIAMOND Pt. 2

A veces que te dejen tirado tiene sus ventajas. Y es que puedes acabar en un cine acompañado de alguien interesante y cruzándote por segunda vez en una semana con la magnífica Toni Collette. "Pequeña Miss Sunshine" es una película humilde y delicadamente triste sobre algunas grandezas y miserias de la vida, con una tierna protagonista (Abigail Breslin) que da mil vueltas a muchas actrices que le sacan 20 años o más (pienso especialmente en Reese Witherspoon). Hay muchos directores y guionistas que fracasan en no saber cómo acabar sus películas, pero he aquí el caso diametralmente opuesto: un final redondo, ingenioso y destornillante. Final brillante para este magnífico mes de octubre (mi preferido del año, por ahora).

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diumenge, d’octubre 29, 2006

MAMÁ, QUIERO SER CHICO PARA SER GAY

Hace no mucho, una travesti catalana me recomendó entusiasmada una película llamada "Connie and Carla". Así que ayer, aprovechando las ventajas de mi lugar de trabajo, me la llevé para casa para amenizar lo que se preveía como una noche de sábado especialmente muerta. Al contrario que para mucha gente, para mí los sábados son de los días más anodinos de la semana. Entre el trabajo de fin de semana y mi aversión hacia las aglomeraciones y mala educación generalizada que uno se suele encontrar, prefiero una cena tranquila (criticar por criticar), una sesión golfa o la tele (aunque "Dolce Vita" da muy poco de sí últimamente). Me voy del tema. Ayer vi "Connie and Carla", una película ideada por Nia Vardalos (la chica de "Mi gran boda griega", que en ésta es protagonista, guionista y productora). Me animó la noche. No es una maravilla; de hecho, tiene momentos bastante prescindibles (sobretodo los intenta abordar de forma seria el choque entre el "mundo hetero", encarnado en David Duchovny, y el "mundo travesti"; no acabo de entender ese abismo tan grande que se plantea entre ambos mundos; si estuviera ambientada en Santa Eulàlia de Riuprimer, aún, pero pasa en Los Angeles). El argumento es sencillo: dos chicas (Nia Vardalos y Toni Colette) de la América profunda intentan desde niñas triunfar en el mundo del espectáculo-cabaret, pero tan sólo consiguen hacer pequeños shows en la cafetería del aeropuerto del condado. Por esas curiosas vueltas que da la vida (presencian un asesinato), se ven obligadas a huir a Los Angeles, donde se ocultan haciéndose pasar por travestis cabareteras y consiguen un gran éxito entre la comunidad gay local. Obviamente, tendrán que acabar "saliendo del armario" desvelando que en realidad son mujeres. Tal planteamiento podría dar mucho juego, y aunque tiene momentos hilarantes y destornillantes, las dosis de petardeo están algo contenidas, supongo que en favor de la comercialidad (es mejor Priscilla, vaya). Aún así, los gags buenos, muy de drama-queen a medio maquillar y en apuros, justifican toda la película. Lo mejor: Toni Colette. Vardalos es la cerebro del film, pero Colette es la imagen y el picante. A la foto me remito (la de la izquierda): es una drag de los pies a la cabeza, su físico es un poco la versión americana de Rossi de Palma. No conocía yo las tablas como mariliendre de Toni Colette.
He introducido el término mariliendre: mejor me explico, pues muchas veces la gente me mira con cara rara cuando lo digo (otras, en cambio, me dicen la traducción del término al catalán, que ahora mismo ya he olvidado, por suerte mía). De hecho, mejor cito a mi querida Elvira Lindo, que así lo describía en un artículo del 2003 (a veces, me da por conservar cosas interesantes): "(...) Suelen estar rodeadas de gays que las adoran pero que no las satisfacen sexualmente. Ésa es la razón por la cual a las mariliendres se les agría el carácter y se vuelven sarcásticas, y entonces el mundo gay las quiere todavía más y más, y eso hace que jamás se relacionen con hombres heterosexuales. (...) Una maricona con la regla puede ser hasta peligrosa. Si encontráis a una en ese estado, no la perturbéis, dejadla sola." Mariliendres nacionales: Alaska, la Terremoto, Loles León, Mariola Fuentes... Mariliendres internacionales: Liza Minelli, Liz Taylor, Cher, Barbra Streisand... Como muy bien dice Lindo, algunas son tan mariconas que hasta se casan con gays (como Minelli), a otras todos los hijos les salen gays (Cher o Barbra Streisand). Entre una mariliendre y una buena travesti, en realidad, no hay mucha diferencia (excepto en lo que no se ve): es una travesti que nació mujer. Están rodeadas de gays, tienen un carácter excesivo y exagerado, son contrarias a la sencillez y al naturalismo ("nada es más falso que el naturalismo") y les encanta vestirse de gala. "Una maricona nace, no se hace", apunta Lindo. Otra frase célebre de una de ellas: "Mamá, quiero ser chico para ser gay".
Bueno, un simple comentario sobre una peli ha acabado casi en una diserción sobre la cultura gay. Y hablando de cultura gay, una de los momentos más divertidos del film es cuando a Connie se le ocurre preguntar en un bar repleto de gays y travestis: "¿Quién de aquí ha visto Yentl?". Imaginen la respuesta. Hasta las cucarachas alzan el brazo.

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diumenge, de setembre 24, 2006

NO ES LO MISMO CRECER QUE MADURAR

Desde luego que no. Ésta es la frase que aparece en el cartel promocional de la película que fuimos a ver anoche en la sesión golfa Sonia y yo: "Los amigos del novio". Y creo que es lo único bueno de toda la película... No recuerdo haber visto nunca una película tan mala en el cine, aunque puede ser que mi memoria (selectiva) haya eliminado experiencias del estilo, y no olvidemos que afirmo esto tan rotundamente habiendo visto "Spiceworld: The movie" en el cine. "Los amigos del novio" es una película escrita, dirigida y protagonizada por Edward Burns sobre un grupo de adolescentes treintañeros de la generación pre-PlayStation durante los días previos a la boda del protagonista con su novia a la que ha dejado preñada. En total, cinco zopencos, cada uno con algún "problema vital" (hijos, separación, infertilidad, homosexualidad...) que guarda para sí mismo ("los tíos no hablan de esas cosas"), carcomidos por la nostalgia pandillera y con buenas cargas de estupidez y de infantilismo en todas sus acciones. Aunque parezca mentira, lo peor es que existen individuos así, de estos que se emborrachan y patean contenedores de basura... Burns pretende trazar un retrato de los problemas de una generación (treintañeros) y un sexo (masculino) ante los retos de la vida real y las relaciones adultas con el sexo contrario, pero sólo consigue plasmar las peripecias de cinco zoquetes emocionales que ven a las mujeres como unos extraterrestres con tendencia a la histeria y no como seres humanos. Zoquetes con serios problemas de conciencia y de comunicación, y con una facilidad sorprendente para tener conversaciones absurdas que provocan auténtica vergüenza ajena. A los 20 minutos de film, Sonia me comentó: "El único con un poco de cabeza es el gay". Eso parecía, hasta que le dio por hablar (había permanecido callado todo el rato) y se convirtió en otro estúpido más ("Te robé el cromo de baseball porque hacías chistes de mariquitas y yo me sentía ofendido y oprimido"). Absurdos. La palabra idónea para definir a estos personajes.
Pero, bueno, lo peor ya no es que los personajes cayeran mal, sino que la película a nivel técnico y formal era aún más horrorosa. Un guión extremadamente académico que subordina la historia a las "reglas" del guionismo y hace perder toda credibilidad al argumento, unos diálogos o bien totalmente previsibles o bien desconcertantes que parecen querer imitar a Woody Allen pero que resultan caóticos, unas situaciones poco creíbles y unos conflictos demasiado profundos para tratarlos de forma tan superficial. Mención especial merecen los actores: pocas veces he visto unos actores tan sobreactuados y falsos (y sin intención alguna de serlo) y unas actrices tan exageradas (absolutamente histriónicas, pero sin carisma): ¿Por qué una embarazada tiene que salir en todas las escenas tocándose la barriga constantemente? Todo desprendía un tufillo muy cutre... Creo que después de ver actuaciones tan infantiles y forzadas podré valorar a los buenos actores: muchas veces, hace falta ver cosas mal hechas para valorar las buenas. En fin, todas estas cagadas sólo vienen a demostrar que la dirección es pésima. Según tengo entendido, no es ni mucho menos la primera película de Burns como director, pero parece que la haya rodado un aficionadillo de instituto con un ridículo síndrome de Peter Pan y sin ningún sentido estético ni rítmico. Y con nula capacidad para maquillar defectos, pues todo lo malo es demasiado obvio. Y, encima, es aburrida. Profundamente aburrida. No engancha para nada: el ritmo es lento y no despierta ningún interés ni intriga por ninguno de los personajes. En resumen, que es tan mala que ni nos indignó. Teníamos ganas de una buena peli, al menos de un rato de entretenimiento, y ni uno ni lo otro; llevábamos muy buena predisposición y intentábamos buscarle las cosas buenas, pero es que encima todos los actores eran poco agraciados, ni ese consuelo tuvimos. Salimos del cine con el aburrimiento que arrastrábamos después de un anodino día de lluvia en plenas fiestas de la Mercè y, al irme a la cama, lo único que recordaba era la atractiva boca de Edward Burns, de una sonrisa enigmática y preciosa.

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divendres, de setembre 22, 2006

BIG GIRLS DON'T CRY

Casualidad que ayer fui a ver al cine a ver "Separados" (la última de Jennifer Aniston) que cuando llego a casa y pongo la tv estaban dando en Tv3 otra de Aniston, "The Good Girl". De la primera poco diré, más que podrían haberle sacado mucho más jugo y que el co-protagonista (Vince Vaughn, actual novio de Aniston) deja mucho que desear, pero la segunda sí que da para un breve comentario. La vi por primera vez hará ya unos meses, en primavera, y la primera vez me dejó un poco indiferente, pero ayer al verla en la tv, sin darme cuenta me fui enganchando y me gustó mucho más. Ante nada, mejor aclaro que Aniston es una de mis actrices favoritas actualmente: desde que me enganché a "Friends" tuve claro que mi personaje era Rachel. Y, ya se sabe, cuando me cuelgo de algo, tiendo a meterme mucho en el papel de fan: así que, más allá de la serie, me bajé toda la filmografía de Aniston, compuesta básicamente de comedias, y la fui viendo poco a poco. La mayoría son muy entretenidas y divertidas ("Mucho más que amigos", "Ella es única", "Y entonces llegó ella"). Ella me parece muy guapa, y me transmite una mezcla de serenidad (su carrera cinematográfica está despegando casi a los 40, muy raro en Hollywood) y alocamiento (supongo que por su papel en Friends).
Volviendo a "The Good Girl", he leído bastante sobre las buenas críticas que recibió Aniston por ser éste su primer papel "maduro" y "serio". Parece que en ciertos círculos a una actriz sólo se la valora si es capaz de ponerse seria y hacer una película más, como decirlo, profunda. Cuando, en realidad, este tipo de películas suelen ser más frívolas y vacías, o como mínimo más pretenciosas, que las menospreciadas comedias. No acabo de entender porque no es considerada ACTRIZ si no hace un papel dramático. Pero bueno, más allá de debates de saloncillo, "The Good Girl" es, en cuanto a la estética y a la temática, un paradigma del cine indie americano, de Festival de Sundance; pero, a diferencia de muchas otras de este género, que parece que mueven mucho la cámara para llenar el vacío, creo que acierta bastante. Aniston interpreta a Justine, una mujer de treinta y tantos que vive aburrida en un pueblecillo de Texas, que trabaja rutinariamente en la sección maquillaje del centro comercial y que está casada con un marido adormecido por la marihuana. Hasta que un joven de 22 años (Jake Gyllenhaal, el de Brokeback) se cruza en su camino para devolverle la ilusión, la esperanza, el gusanillo, y con él inicia una relación sexual e intelectual (el chico se declara escritor y fan de "El guardián entre el centeno") mientras su marido insiste en tener un hijo entre porro y porro. La primera vez que la vi me pareció anodina: mujer amargada en su matrimonio y trabajo, sin pasión en su vida, reflejo de cómo el sistema americano adormece al individuo y su creatividad, muy en la línea de la novela de Salinger. No obstante, ayer me di cuenta que la peli tiene mucha más mala leche, no es tan obvia: una prototípica historia de adulterio en un entorno cristiano de la Amércia profunda y con un título moralista, "The Good Girl" (Justine es la chica buena que sigue los pasos marcados y no se desvía), sirve para que la trama se complique y Aniston, al final, demuestre ser la más lúcida y eficaz de todos. Esa chica buena con sueños perdidos de pasión y juventud que se cree cegada de amor por un chaval que no me causa simpatía alguna acaba siendo la única capaz de actuar y decidir con coraje, la única algo honesta en un entorno muy conservador e hipócrita. Mal vamos si el guionista lo que pretende es transmitir que al final todo queda como estaba, porque yo creo que, precisamente, la experiencia de Justine supone que nunca nada vuelva a ser lo que era, no después de haber tomado las riendas de su vida y de haber salido tanto de la norma para poder encajar en élla y encauzar así su propia vida. En eso se sustenta su trangresión, su individualidad. "The Good Girl", pues, no es la chica buena en un sentido moral, sino en un sentido práctico, de madurez entendida como autoconciencia y como habilidad de decidir y actuar, de arriesgar, y no de sucumbir y hundirse en un mar de moralinas y egoísmos.

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diumenge, de setembre 03, 2006

BREAKFAST ON PLUTO (THE PLANET)

Resulta inevitable que los dos estrenos "gays" por excelencia del verano (me refiero a "C.R.A.Z.Y." y "Desayuno en Plutón"; paso de buscarle una lectura gay a "Piratas del Caribe") sean comparados constantemente en publicaciones y webs varias, sobretodo en épocas tan de sequía como el verano. Y todas coinciden en alabar a glamourosa "C.R.A.Z.Y." enfrente a la anodina "Desayuno en Plutón". Ésta es la historia de Patricia "Kitten" (Gatita) Braden, una transexual irlandesa, aparentemente huérfana, llamada Patricia "Kitten" ambientada entre la convulsa Irlanda y el ambiguo Londres de los años 70, en su camino hacia la felicidad, pasando por la pérdida de seres queridos, la violencia, la prostitución, la cárcel, el terrorismo, la música... al fin y al cabo, la soledad y el aislamiento, que Kitten encaja con una actitud optimista y vitalista, profundamente evasiva y con mucho sentido del humor. Muy en la línea de Fangoria: "Y en plan travesti radical le doy la espalda a cualquier muestra de tristeza".
En fin, que ayer me fui a la sesión golfa de los Aribau a ver "Desayuno en Plutón" porque me atraía el argumento y porque hace una semana me había quedado con las ganas porque llegué tarde al cine, pero ya preparé a mis musculosos acompañantes de que quizás no era nada del otro mundo y nos decepcionaba, aunque el planteamiento pudiera dar mucho de sí. Xavi me informó mientras cenaba sobre el director (Neil Jordan) y los actores, bastante conocidos, pero de los que yo bien poco sabía; estos días iré viendo las otras pelis de Jordan, como "Juego de lágrimas". Total, cuánto me gustaría poder ir a ver las pelis sin demasiados juicios previos de otros y sin expectativa alguna, porque a veces condiciona injustamente, y aunque esta vez para bien (porque me esperaba algo peor de lo que vi), otras es para mal (la ponen por las nubes, y entonces esperas algo tan bueno, que luego no está a la altura, y quizás en otras circunstancias te hubiera sorprendido o maravillado más). Por eso normalmente intento leer las críticas una vez ya he visto las película en cuestión, y esta vez no fue así. De acuerdo, es cierto que a la película le cuesta arrancar un poco, que en realidad es algo conservadora (no hay ni un solo beso), que el argumento y el desarrollo se aguanta un poco por los pelos, que no consigue llegar nada en los momentos en que se pone trascendente o dramática (no hay quien empatice con los personajes y las situaciones)... Pero, a pesar de eso, una visión frívola del film (muy a la manera de cómo la protagonista intenta afrontar su vida, que espero que sea para provocar comicidad y no compasión) consiguió arrancar en mí y en Xavi unas buenas carcajadas, gracias a situaciones, reacciones y diálogos ingeniosos y/o patéticos. Quizás también porque, a medida que iba avanzando la peli, Kitten nos recordaba cada vez más a nuestra gran amiga madrileña y sus ataques entusiastas en ciertos momentos y lugares (hasta aquí puedo leer).
Es bastante absurdo comparar "Plutón" con "C.R.A.Z.Y.", claro que se pueden encontrar puntos comunes, pero puestos a encontarlos también podríamos hacerlo con Superman, por decir algo.. Lo más parecido es la fantástica banda sonora de ambas como motor de la historia y retrato de una época. Sí es más acertada la comparación con "Transamérica". Sin duda, "Transmamérica" es una película mucho más realista y profunda en cuanto al tratamiento de la transexualidad, yendo más allá de la pura compasión y "desnudando" por completo a la fantástica protagonista y sus circunstancias, sin ser para nada una película pretenciosa ni grandilocuente, sino llena de humor y de realidad. "Desayuno en Plutón" se queda un poco en las intenciones, el resultado no está a la altura, pero vale la pena, aún así, ver a Kitten vestida de india para hacer de cantante de la banda Billy Rock y los Mohawks o de señorona británica que finge ser una agente de British Telecom para conocer a su madre, entre muchos otros atuendos.

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dissabte, d’agost 26, 2006

C.R.A.Z.Y. FOR FEELING SO LONELY


Esta semana parece que he empezado a romper mi racha poco cinéfila, que vengo arrastrando desde hace casi dos años, y me he puesto las pilas, cosa que me irá muy bien para ir cogiendo práctica para mi periodo postoperatorio que se prevee a finales del mes que viene. Y empecé con muy buen pie: en una solitaria última sesión del miércoles en los cines Icaria (hacía mucho que no iba solo al cine, con lo que me gusta). Fui a ver C.R.A.Z.Y., una película canadiense (en francés) recién estrenada y realmente interesante: el film es una crónica de una familia de clase media-baja, formada por un matrimonio con 5 niños, durante veinte años (de 1960 a principios de los 80), narrada des del punto de vista del cuarto hermano, nacido precisamente el día de Navidad de 1960. El chico en cuestión, Zac, es el niño de los ojos de su padre y de su madre, hasta que empiece a descubrir su homosexualidad y le empiece a resultar difícil, por no decir imposible, encajar en los esquemas que tenían diseñados para él. No obstante, la película no aprofundiza en el tema de la homosexualidad, sino que se centra en la relación familiar de padres e hijos al largo de los años, siendo a la vez, también de forma sexuandaria (sobretodo a través de la música y la ropa), el retrato de una época (una vez más, Bowie es un referente clave indiscutible). Tiene escenas muy logradas (algunas consiguen crear una tensión helada cuando todos sabemos que va a ser pillado y que se va a liar, otras consiguen grandes momentos cómicos, emotivos, musicales...), y lo más interesante seguramente es el personaje del padre, que está perfectamente diseccionado. Por el resto, quizás sí que queda algo desdibujado el desarrollo sexual de Zac: porque te dicen que es gay, pero tampoco se transmite mucho esa realidad, queda un poco en el aire. Cada hijo tiene un "estigma", o perfil, aunque de forma algo estereotipada, y Zac podría ser igual gay que drogadicto (como el hermano mayor, Raymnod): tanto monta, monta tanto. Y ya sé que Zac lucha constantemente contra su condición para ser aceptado por su padre, pero tampoco se transmiten demasiado esos impulsos o deseos, queda como algo más platónico que real. Pero, bueno, salvo algún detalle como ese, la verdad es que es una película muy compleja, con muchos matices, temas, personajes y puntos de vista, y realmente está muy bien resuelta, tanto a nivel técnico como a nivel humano o psicológico.
A destacar: lo bien que encaja la banda sonora como motor del film, como connexión entre personajes (padre-hijos) y como hilo cronológico. Es impagable la escena de Zac imitando a Bowie en la habitación o lo bella que es la canción que da título a la película: Crazy, de Patsy Cline. También tira mucho el protagonista, Zac, interpretado por el actor Marc-André Grondin (el segundo por la derecha en el cartel), un tipo de actor y de personaje muy común últimamente: el papel de adolescente, más bien post-adolescente aunque muy imberbe y juvenil, homosexual y atormentado, reservado, misterioso, tremendamente sensible, y sobretodo con un increíble atractivo. El chico es realmente muy atractivo (¡qué ojos y qué pelo!). Sería un poco la versión gay de Kurt Cobain, papeles ya vistos en Transamérica, en Oscura Inocencia, y bastante parecido al Johnatan Rhys-Meyers de "Velvet Goldmine", de una belleza y un carisma cautivadores. Zac gana encima porque va madurando y creciendo a lo largo del film, se va curtiendo, y cada vez está más guapo e interesante, sobretodo después de su travesía por el desierto.
Lo mejor de la película es la ternura que se desprende a lo largo de cada una de las escenas, de cada diálogo, de cada pelea, de cada canción, y que culmina en lo más ingenioso y bonito del film: el motivo por el cual en el título hay un punto entre cada una de sus letras: C.R.A.Z.Y.

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diumenge, de juliol 23, 2006

GRAN FABIO

De refilón, he (re)visto la primera y memorable escena de "Laberinto de pasiones", esta vez sin audio y subtitulada. No deja de sorprenderme i maravillarme, al tiempo que me parto el culo por enésima vez. ¿No es sencillamente divina la nota que Fanny McNamara hace entregar, camarero mediante, a Imanol Arias en una soleada terraza madrileña? Y es que dice así:
"SÍ, ME GUXTARIA HACERTE PHELIZ (Taylor). EXTA TARDE. FANY."

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dissabte, de juliol 22, 2006

THIS COULD BE THE FIRST NIGHT OF MY LIFE


Con lo fan que soy de este director, y resulta que no sabía de la existencia de esta su ópera prima. Pero, bueno, siempre es un gustazo descubrir joyas que pensabas inexistentes y que, de repente, un día, se cruzan en la vida de uno. "La primera noche de mi vida" es una película de diálogos, de brillantes diálogos, gracias al fantástico tándem Lindo-Albaladejo a cargo del guión. Serían lo que a la música el dúo Berlanga-Canut. Un argumento rompecabezas entre diversas parejas de personajes (casuales y/o estables) que se interelacionan (parecido a "Ataque verbal") sobre la última noche del año 1999 (aún me acuerdo el efecto 2000), que da lugar a multiplicidad de situaciones y encuentros, y a multitud de personajes distintos y entremezclados en el extraradio de Madrid. Me encanta la cercana lucidez de los guionistas, que luego se repetiría en "Ataque verbal", en "Manolito Gafotas" o en "El cielo abierto". Soy muy fan de Elvira Lindo, y es una suerte del destino que su camino se juntara con el de Albaladejo (acertadamente alicantino), y es una lástima que ya no colaboren ni tengan proyectos conjuntos (al menos, hasta donde yo sé), pues es lo que mejor les salía. De hecho, la última película de Albaladejo, "Volando voy", me da una inmensa pereza verla, el tráiler ya me resulta aburrido y tópico. "Cachorro" tenía un muy buen planteamiento, y situaciones muy bien encontradas y gracias, pero creo que fallaba el desarrollo y el final... Lo que mejor ha hecho Albaladejo en solitario es, sin duda, "Rencor", donde recrea mejor que nadie esas raíces alicantinas. En fin, volviendo a "La primera noche...", no me olvido de comentar el fantástico reparto, integrado por algunas de mis actrices españolas favoritas, como son Leonor Watling, Antonia San Juan o Mariola Fuentes, todas están encantadoras (aún me resulta más curioso no haber oído nada de la película con tal reparto). Y también me encantan esos guiños tan graciosos que van repitiémdose a lo largo de la filmografía del director, como inlcuye su mundo personal (amigos, familiares, afinidades..) en sus películas, como son el hilarante tándem formado por Elvira Lindo y Geli Albaladejo (la hermana)(aquí de guardias civiles, como en "Manolito", o de barrenderas en "Ataque verbal"). Es impagable la escena entre las dos guardias civiles y dos policías municipales sobre la posesión de un detenido y los límites de la circunscripción de cada uno. O la conversación de las dos dependientas de la gasolinera (Antonia San Juan y Adriana Ozores) con las citadas guardias civiles sobre las compresas con alitas.

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